lunes, 6 de febrero de 2012

pregunta

Y es mejor no volver a hacerlo,
porque aún me duelen los oídos,
porque ensordezco,
porque hay silencios que gritan más fuerte de lo que lo harán nunca las palabras.

Palabra.
Silencio.

jueves, 2 de febrero de 2012

sueña

La noche había caído y nosotros queríamos ver las estrellas, recoger la fría noche de indescifrables rarezas, equilibrar corazones. Nos pareció buena la idea de ver las olas golpear en las piedras que cuidadosamente habíamos colocado a lo largo del año en aquella nuestra playa.

Arena pisada, siempre en los bolsillos.

El cielo negroazul había sido decorado con algún sueño encendido, y justo allí en medio vimos el nuestro. Sin duda el que más brillaba. Seguramente por la configuración de los astros, por nuestra ubicación en el universo, por las antileyes de la física, por lo que somos a medias, por lo no escrito en verso, por lo contado en el viento.

Por esas y ninguna razón, lo encendimos.

El silencio roto por las olas, una tras otra, como aquella desafiante que se llevó lo acordado dibujando un sinsentido justo a nuestros pies, dónde mora el castillo. Tras inhalar, dejó un mensaje que quizá lo explicaba todo, pero cerramos los ojos.

Arena en los bolsillos, sueños encendidos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Y siguió estrictamente las normas

Se levantó en aquel lugar: ducha fría, desayuno con cereales, lácteos y frutas, ocho horas y media de trabajo le dijeron. Paró, tragó. Siguió. Realizó una hora de ejercicio, fue al curso de perfeccionamiento de idiomas, mantuvo una charla interesante sobre actualidad con un amigo, fue a la presentación de un libro, una sopa para cenar, leyó durante treinta minutos. Se fue a dormir las ocho horas recomendadas, no sin antes vomitar una docena de pájaros y pensar: mañana no vengo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

vagos de amar

Y nos acostamos un rato sobre las hojas,
te lo dije: siempre me ha gustado más la arena;
sin embargo, allí reímos hasta llorar.
Luego pasamos un rato junto al mar,
sabía que te gustaría,
noche de música de luciérnagas.

Después me incomodaba el viento,
aunque dejé volar mi pelo;
no soportabas el picor de abejas,
nunca lo entendí;
me costumbré a dormir con luz,
pero cerraste las ventanas,
las gaviotas no dejaban de cantar.

Una tarde de verano,
sentados frente aquel baúl,
sin saber qué hacer con tanto, nos dimos cuenta.
Y ya no había remedio.
Nos volvimos vagos de amar.

viernes, 5 de agosto de 2011

solo un día (o no)

La luz y el despertador me avisan de que es un nuevo día, dios y no tengo ganas, me quedaría dormida tres días más, ahí tirada sin hacer nada... pero entonces decido que va a ser un buen día, saco las fuerzas de debajo del colchón, que a veces se atascan, y decido que es un día bueno y único. Estoy alegre, alegre con esfuerzo. O alegre por cojones, pero eso no importa.

En la calle, el señor de la esquina me enseña los dientes, pero no me asusta. Es mi día feliz. En el paseo antes de ir a trabajar, el león del vecino se quiere comer a mi perro, pero no lo consiguió y eso es bueno. Hasta ahora funciona.

En el trabajo han abierto las jaulas. Luego aquel chico en el autobus, sentado junto a su padre, comparte con el resto del universo los cambios que se producen en los mandos de nuestra nave. Nadie dice nada. Un adolescente vestido de negro tul me hace reír comentando crueldades de la moda que lleva tacones con calcetines. Me toca bajar. Estoy cansada, pero tengo algo que hacer o tengo que hacer algo.

Llego a y que... con esfuerzo hago que miro, quiero querer estar guapa, demasiado caos. Bolas de trapos. Había un lobo en el probador. Está bien, hago el cambio y me voy.

Agosto de fuegos. Tomo el bus de vuelta. Pensamientos. Nada es tan importante. Solo es un juego. Circo de ánimos. Es la primera vez que vuelvo en este número, a ver en cuál para. Rotonda lejana, pies, sueño, casa y paseo.

Ya está hecho. Me quito el día feliz, me tomo algo fresco, vuelvo a desordenar un poco ahí arriba y me río recordando a ese hombre con traje de arrugas, ese de la playa con pies de fieltro que ofrecía opio y decía: ¿tuuuur querer dormir trerr diiias? No, no, que esto lo elijo yo, que yo no quiero (o).

jueves, 14 de julio de 2011

100 años

Y sin darnos cuenta pasaron cien años,
y mis ojos estaban en otro cuerpo
y los tuyos, los tuyos los reconocí al instante.
Pensé que te habías dado cuenta,
pero la historia hacía un bis y en esa esquina volvieron a pasar de largo.

Vi pasar tu cuerpo, eso no pudo engañarme.
No, no eres el mismo,
esta vez la vida te trató mejor.
Dudo si sucederá de nuevo,
si volveremos a iniciar el viaje.
Otra vez la duda, incómoda compañera.

Cruce de caminos, aquella tormenta,
la espiral que vuelve a rodar...
Ha vuelto a pasar, tus ojos hicieron estación en los míos.
Y sin darnos cuenta, volvieron a pasar cien años.

solos

Ni mis ojos hambrientos, ni aquella bebida,
ni esa guitarra de canciones…
La calle está llena de ellos, son una plaga.
Libros abiertos, mesas revueltas,
teléfonos que no alcanzan,
tapas que no llenan…

Y  al otro lado de la ciudad abrazas la barra de un bar,
en la plaza te miran las palomas,
ese autobus que no esperas pasa.
En el banco agolpas tus maletas,
la música te hace estar más lejos.
 
Papeles que vuelan, zapatos que retumban,
la batidora de las mañanas,
la misma canción, otra y otra vez…
No hagas ruido,
puedo escucharlo, aunque no esté contigo.