lunes, 10 de junio de 2013

Palabra

La mentira me ahoga, me aprieta el pecho, se ríe de mí. En un hilo de cordura la razón me dice que comprenda: "es el salvavidas de los cobardes." Pero mi corazón, pobre idiota, no entiende. Y se ahoga, se arruga, se ríe de mí.

jueves, 30 de mayo de 2013

Una simple explicación

Una vez intenté algo casi imposible, me empeñé en explicar para siempre a alguien con ganas de tragarse el mundo a mordiscos. Rápidos y contundentes. Le habían dado algún bocado.

Pero quién pone límites cuando el amor lo rompe todo, porque el amor puede con todo... Entregada a la causa, como podría hacerlo una coladora de arena a la orilla de la más inmensa de las playas, fui a buscar motivos y razones; rescaté pruebas, evidencias; incluso los cuentos que inventaba terminaban en amor. Ese era el fin.

Y claro, la lección es jodida porque el tiempo nos puso a prueba y nos rompió el amor en dos. Me lo imagino ahí mirándome con la media sonrisa, esa que se le recorta hacia un lado, y alcanzo a leer hasta su pensamiento: "Nada es para siempre, ves como tenía razón".

Pero entonces no puedo evitarlo, me río, también yo creo tenerla de mi lado. Quizá por eso nuestros puntos cardinales apuntan ahora direcciones opuestas. Y no, no voy a tratar de convercerte, quién soy yo para cambiar sinfonías. Pero sí, me río, porque para siempre se creó esa nube, esa, que por desastrosa que sea, solo son capaces de crear dos universos que chocan: grandes, pequeños, gordos, flacos o feos, pero son los nuestros. Esas pompitas flotan en el aire para siempre y según tengo entendido cambian el curso de la historia. Y es por eso que hay terremotos, que los volcanes escupen lava, que cada cierto tiempo hay olas gigantes... Y eso, estemos o no para verlo, es nuestro y ya será para siempre.

martes, 21 de mayo de 2013

Fragmento de una historia aún no escrita

Y entonces se sentaba distraída y hacía un barquito de papel, esta técnica lograba que se le disiparan las dudas. Los fabricaba con cualquier material, servilletas, folletos publicitarios, rollo de cocina... Con un solo movimiento, mientras sostenía una conversación o tomaba un café en una plaza, construía con sorprendente habilidad preciosos barquitos de vela. Mientras tanto en su cabeza sonaba sin música aquella canción [...y en el mismo barco que vino, se fue.] Nunca entendió por qué debía aquel señor volver en el mismo barco, ¡con la cantidad de barcos que había! Ella, sin ir más lejos, los tenía de mil colores. Justo le rondaba esto por la cabeza cuando acabó el barquito que andaba entre sus manos, lo hizo cuidando el más mínimo detalle, incluso dibujó corazones en la popa, y pensó:

"En este me iré yo" - sonrió aliviada porque le encantaban los barcos y le entusiasmaba la mar, y además ¿quién podría volver en un barco de papel?

lunes, 28 de enero de 2013

Donde reside el recuerdo

Un olor extraño, indefinible, sale de este lugar. Avanzo escaleras abajo por el anticuario dejando cosas sin vida a mis laterales. Instrumentos callados. Una mecedora inmóvil. La máquina de coser, el escritorio, un aparador. Y al llegar abajo un festival de material sin dueño. Un club de lastre. Cementerio de máquinas y enseres aparentemente acabados.

Antonia me llama desde un cuadro. Es una anciana horrible de pelo blanco despeinado que sonríe descarada en la pintura y deja entrever sus dos dientes mientras una boina le baila en la cabeza. Ropas negras. Me la imagino allí en la casa de campo presidiendo la sala mientras Manolo, su hijo, parte el pan y escancia el vino, y Juana se queja de que la siembra no agarra y a ver qué hacen con este frío.

Justo detrás, a un solo paso, un espejo forrado de mimbre descansa sobre una cajonera. Vivía en el dormitorio de Esmeralda que, con la mirada perdida en su reflejo, intentaba deshacer su melena rizo a rizo y se preguntaba una y otra vez: qué pasará luego, cuándo podré salir de aquí.

Entre jarrones y material de orfebrería insolente sobrevive la tostadora de Juan y Amelia, tiene unas iniciales grabadas, casi invisibles, pisoteadas por el trotar del tiempo. Se acabaron los bailes en el desayuno.

En el pasillo, aún mueven los vientos la mecedora de la yaya, acolchada por el peso de los pensamientos de las tardes de invierno. Las literas de los enanos, que las llenaron de juegos hasta crecer. Candelabros y lámparas que un día se apagaron.

Y al final, sobre la mesa de un agotado roble, un botijo. Lo agarro y me lleva a una casa mata de la calle Carretería con olor a callos, música de barcos y cuentos de Rosa León. A la palabra abuelo. Pago unas monedas y lo llevo conmigo. Uno que sale del cementerio para llenar otras bocas.

Escalón a escalón voy dejando detrás estas cosas inertes que residen en el olvido, pero un jaleo retumba insistente en mis oídos. Es la pipa del abuelo, son las risas de los niños, es Juana que ha puesto el puchero. Es la vida, que está haciendo ruido.

lunes, 26 de noviembre de 2012

El vuelo

Déjala a ella que sea pájaro. No tengas miedo, te llegará tu momento y la vida decidirá por ti. Vaya novedad, el tiempo. La espera. Siempre algo que ha de llegar y yo no puedo, no puedo porque siento que algo se desgarra dentro de mí, un frío polar se apodera de mi pecho y siento amargas lágrimas caer hacia el interior de mi garganta y veo mi mundo que se desmorona y entonces yo quiero ser pez y tragar el mar para acortar la distancia, para que no te vayas, para que si vuelas, me comas.

jueves, 15 de noviembre de 2012

14 de noviembre

Todo despertó en calma. Las plantas bostezaban a la mañana temprano en unos balcones aparentemente dormidos. Las persianas iban despejando sus párpados lentamente y diferentes rostros aparecían. Poco a poco, como se desliza una perezosa gota de café sobre el cuerpo de una taza.

En una calle de ruidos que callan y comercios vacíos, nota a nota, va sonando la música de la indignación. ¿Qué hacemos hoy? - preguntan las paredes de las calles intransitadas. Hoy no hay pan, ni cafés, ni sonó el despertador.

El  hueco del qué hago hoy. Resulta extraño ver como al abrir la jaula el pájaro no emprende el vuelo. Tenemos una cita, se dicen unos a otros.

Angustiados, los habitantes de un día en la nada van llenando las calles. Puñaditos de sombras se van agolpando en una hilera de pasos y palabras. Hoy no hay que hacer nada. Las ilusiones y los sueños se dan encuentro para gritar por qué.

Todo en silencio. Suena a lo lejos una trompeta. El vacío llena las calles tras la procesión, y en cada casa una fiesta. Buscamos en los cajones alpiste sin intercambiar monedas. Hoy no. Hoy no falta nada. Lo que tenemos nos basta. Reuniones improvisadas en salones. Libres de yugo. Solos y juntos.

Y en el eco de los tambores lo siento. Estamos faltos de nada.

martes, 30 de octubre de 2012

Los otros

Música. Suena el sonido de las teclas de un piano. Blue Moon. Pisadas de una danza de pingüinos sobre la colcha. El hielo que se derrite. La noche. Estampida de mariposas. El miedo de lo dulce y lo salado. Suspiros y miradas que susurran en una caracola. El mar, la sal. Todo en silencio. Y todo eso, sin tan siquiera un beso. Blue Moon by Billie Holiday on Grooveshark