La nostalgia es una puta sin casa,
por eso nunca se va.
Se vuelve loca con el frío
y llena de palabras los contestadores.
Y bien temprano, estrenada la mañana,
mientras llama al despertador,
juego a ser más vieja que el mundo
y me falla la memoria
y olvido por qué me fui
y olvido por qué no vuelvo.
Y ella me pregunta qué harás cuando te levantas,
si estarán bien tus plantas,
de qué color son tus tardes ahora que es invierno
o quién te secará el pelo.
Y así se colman los años de despertares
mientras nosotros nos recordamos el olvido.
Aquellas guerras de risas treguas
y las sueñas noches de verano.
viernes, 22 de noviembre de 2013
martes, 19 de noviembre de 2013
Des-humanizados
Está prohibido llorar en un mundo donde los que se llaman valientes
bajan a comprar pan cuando asoman lágrimas
y, sin embargo, se enfadan si se lo venden muy tostado.
Si te engañan, si ya no quieres, si no te quieren,
si alguien cierra el kiosko y dejas tu cuenta sin pagar...
Que no te vean caer los que no saben llorar.
Levántate. Ni muy triste, ni muy contento.
Mejor quejarse del tráfico,
carteras vacías, multas, el iphone roto,
pero nunca confieses que lo roto es tu corazón.
Es incómodo y reta al clima y al tiempo... ¿qué hora es?
No llores, no estés triste.
Mantén el gris.
Sé fuerte, valiente, no te canses.
Que no se te vaya la vida.
Sé un robot. AnestesiaME.
Pero eso sí, olvídate de volar por primaveras.
bajan a comprar pan cuando asoman lágrimas
y, sin embargo, se enfadan si se lo venden muy tostado.
Si te engañan, si ya no quieres, si no te quieren,
si alguien cierra el kiosko y dejas tu cuenta sin pagar...
Que no te vean caer los que no saben llorar.
Levántate. Ni muy triste, ni muy contento.
Mejor quejarse del tráfico,
carteras vacías, multas, el iphone roto,
pero nunca confieses que lo roto es tu corazón.
Es incómodo y reta al clima y al tiempo... ¿qué hora es?
No llores, no estés triste.
Mantén el gris.
Sé fuerte, valiente, no te canses.
Que no se te vaya la vida.
Sé un robot. AnestesiaME.
Pero eso sí, olvídate de volar por primaveras.
domingo, 27 de octubre de 2013
Siempre niños
He pensado pedir una cita. Quiero una cita con la niña que habita que en mi, el niño que duerme en ti. Iré despeinada y con la camiseta manchada de helado de chocolate, tú en bañador y con la fastidiosa pelota. ¡Vamos, niña! - me gritarás impaciente desde la playa con ojos alegres. Yo te tiraré del pelo y te retaré a una carrera: ¡Hasta el detector de barcos! Tocar y volver, siempre hay que tocar. La mente en blanco de niños, pero con dibujos; las risas, disparadas desde las entrañas al aire que respiras. Haremos volteretas. No sabemos si esto rueda, pero con nuestro propio eje funcionará. Después de caer la tarde construiremos un castillo de arena con canal subterráneo para que lleguen los mensajes en botella y pista de aterrizaje para extraterrestres buenos y brujas, brujas. Es hora de cenar y acordamos, sin mareas ni lunes, terminarlo mañana. Regresaremos a casa mojados mientras el mar se traga el sol, tú tiras piedras y yo invento canciones. No harán falta las palabras.
- ¡Adiós, narizona!
- ¡Adiós, cabezón!
- ¡Adiós, narizona!
- ¡Adiós, cabezón!
martes, 22 de octubre de 2013
Lo que somos
Desde que ella se fue el carnicero había retomado sus costumbres. Acudía a la matanza de cerdos cada mañana. Vísceras. Chillidos. Muerte fresca. Sangre. Justo antes de entrar a la oficina donde las víctimas se reparten al peso, entre el café y las tostadas, se permitía el lujo de recordarla entre sus sábanas. Es verdad que la cama estaba viva entonces, pero era un auténtico placer haber puesto fin al circo de la complacencia y volver, sin más, a ser uno mismo.
lunes, 16 de septiembre de 2013
La devaluación del beso
Eran buenos tiempos aquellos
donde en las tierras brotaban por doquier los besos.
Entre sonrisas se regalaban con el desayuno,
a media tarde, incluso a tardes enteras.
Pero llegaron tiempos difíciles
a razón de avariciosos negociantes que siempre se lo quedan todo,
y, lo que antes llovía en abundancia
secaba ahora las mañanas.
Así que acá andamos por estas tierras,
besándonos a oscuras, y muy de vez en cuando.
donde en las tierras brotaban por doquier los besos.
Entre sonrisas se regalaban con el desayuno,
a media tarde, incluso a tardes enteras.
Pero llegaron tiempos difíciles
a razón de avariciosos negociantes que siempre se lo quedan todo,
y, lo que antes llovía en abundancia
secaba ahora las mañanas.
Así que acá andamos por estas tierras,
besándonos a oscuras, y muy de vez en cuando.
jueves, 8 de agosto de 2013
Carla
Anochece. Vuelve a amanecer.
Saludos al sol dormidos.
Pisadas cansadas. Insomnio.
Crujen las ventanas cerradas y continúa siendo verano.
Cae la noche y la vida llama.
Ya nada importa lo que pesaba.
Surge el llanto, la risa y el sueño.
Sin suma ni resta, el poder de lo exacto.
Lo auténtico.
Una página en blanco y la verdad en los brazos.
Saludos al sol dormidos.
Pisadas cansadas. Insomnio.
Crujen las ventanas cerradas y continúa siendo verano.
Cae la noche y la vida llama.
Ya nada importa lo que pesaba.
Surge el llanto, la risa y el sueño.
Sin suma ni resta, el poder de lo exacto.
Lo auténtico.
Una página en blanco y la verdad en los brazos.
domingo, 28 de julio de 2013
El aeropuerto
Después de la jornada de trabajo de hambre y poca alma le gustaba sentarse allí a observar.
Se hacía la distraída mientras deslizaba un pie sobre otro para descalzarse y sentir ese frescor que solo da el trabajo hecho. Y esperaba.
Algunos días tardaban un poco, pero siempre llegaban. El hall de llegadas era su lugar preferido. En salidas nunca era igual, pues cuando alguien se va no alcanzas a saber lo que vas a echarlo de menos.
Entre todas las categorías que había establecido, se quedaba con los que regalaban los nietos. Eran los únicos que no evitaban carreras ni carcajadas. En una escuela de abrazos, ellos serían los maestros.
Había otros más solemnes que desvelaban una vuelta repentina. Iban acompañados de pequeñas maletas y se daban muy despacito, con miedo a romperse; pero muy apretados, para no dejar hueco a la ausencia.
Más distendidos eran los de enamorados. Desde su asiento adivinaba quien regresaba del engaño y quien desde el deseo. Algunos de estos, los eternos, incomodaban a la familia, que miraban a su alrededor y se empeñaban en recoger el equipaje. Para ella, nunca duraban demasiado.
Los de las mamás de pueblo le hacían reír, eran los únicos con besos por las cabezas. Y las bienvenidas entre amigas eran mágicas, abrazos con danza. Alegría.
Tras una buena cena y el alma llena, se retiraba. Abrazos para alimentar el alma, porque sin duda, los peores, eran aquellos que nunca se daban.
Se hacía la distraída mientras deslizaba un pie sobre otro para descalzarse y sentir ese frescor que solo da el trabajo hecho. Y esperaba.
Algunos días tardaban un poco, pero siempre llegaban. El hall de llegadas era su lugar preferido. En salidas nunca era igual, pues cuando alguien se va no alcanzas a saber lo que vas a echarlo de menos.
Entre todas las categorías que había establecido, se quedaba con los que regalaban los nietos. Eran los únicos que no evitaban carreras ni carcajadas. En una escuela de abrazos, ellos serían los maestros.
Había otros más solemnes que desvelaban una vuelta repentina. Iban acompañados de pequeñas maletas y se daban muy despacito, con miedo a romperse; pero muy apretados, para no dejar hueco a la ausencia.
Más distendidos eran los de enamorados. Desde su asiento adivinaba quien regresaba del engaño y quien desde el deseo. Algunos de estos, los eternos, incomodaban a la familia, que miraban a su alrededor y se empeñaban en recoger el equipaje. Para ella, nunca duraban demasiado.
Los de las mamás de pueblo le hacían reír, eran los únicos con besos por las cabezas. Y las bienvenidas entre amigas eran mágicas, abrazos con danza. Alegría.
Tras una buena cena y el alma llena, se retiraba. Abrazos para alimentar el alma, porque sin duda, los peores, eran aquellos que nunca se daban.
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