"En este me iré yo" - sonrió aliviada porque le encantaban los barcos y le entusiasmaba la mar, y además ¿quién podría volver en un barco de papel?
martes, 21 de mayo de 2013
Fragmento de una historia aún no escrita
Y entonces se sentaba distraída y hacía un barquito de papel, esta técnica lograba que se le disiparan las dudas. Los fabricaba con cualquier material, servilletas, folletos publicitarios, rollo de cocina... Con un solo movimiento, mientras sostenía una conversación o tomaba un café en una plaza, construía con sorprendente habilidad preciosos barquitos de vela. Mientras tanto en su cabeza sonaba sin música aquella canción [...y en el mismo barco que vino, se fue.] Nunca entendió por qué debía aquel señor volver en el mismo barco, ¡con la cantidad de barcos que había! Ella, sin ir más lejos, los tenía de mil colores. Justo le rondaba esto por la cabeza cuando acabó el barquito que andaba entre sus manos, lo hizo cuidando el más mínimo detalle, incluso dibujó corazones en la popa, y pensó:
lunes, 28 de enero de 2013
Donde reside el recuerdo
Un olor extraño, indefinible, sale de este lugar. Avanzo escaleras abajo por el anticuario dejando cosas sin vida a mis laterales. Instrumentos callados. Una mecedora inmóvil. La máquina de coser, el escritorio, un aparador. Y al llegar abajo un festival de material sin dueño. Un club de lastre. Cementerio de máquinas y enseres aparentemente acabados.
Antonia me llama desde un cuadro. Es una anciana horrible de pelo blanco despeinado que sonríe descarada en la pintura y deja entrever sus dos dientes mientras una boina le baila en la cabeza. Ropas negras. Me la imagino allí en la casa de campo presidiendo la sala mientras Manolo, su hijo, parte el pan y escancia el vino, y Juana se queja de que la siembra no agarra y a ver qué hacen con este frío.
Justo detrás, a un solo paso, un espejo forrado de mimbre descansa sobre una cajonera. Vivía en el dormitorio de Esmeralda que, con la mirada perdida en su reflejo, intentaba deshacer su melena rizo a rizo y se preguntaba una y otra vez: qué pasará luego, cuándo podré salir de aquí.
Entre jarrones y material de orfebrería insolente sobrevive la tostadora de Juan y Amelia, tiene unas iniciales grabadas, casi invisibles, pisoteadas por el trotar del tiempo. Se acabaron los bailes en el desayuno.
En el pasillo, aún mueven los vientos la mecedora de la yaya, acolchada por el peso de los pensamientos de las tardes de invierno. Las literas de los enanos, que las llenaron de juegos hasta crecer. Candelabros y lámparas que un día se apagaron.
Y al final, sobre la mesa de un agotado roble, un botijo. Lo agarro y me lleva a una casa mata de la calle Carretería con olor a callos, música de barcos y cuentos de Rosa León. A la palabra abuelo. Pago unas monedas y lo llevo conmigo. Uno que sale del cementerio para llenar otras bocas.
Escalón a escalón voy dejando detrás estas cosas inertes que residen en el olvido, pero un jaleo retumba insistente en mis oídos. Es la pipa del abuelo, son las risas de los niños, es Juana que ha puesto el puchero. Es la vida, que está haciendo ruido.
Antonia me llama desde un cuadro. Es una anciana horrible de pelo blanco despeinado que sonríe descarada en la pintura y deja entrever sus dos dientes mientras una boina le baila en la cabeza. Ropas negras. Me la imagino allí en la casa de campo presidiendo la sala mientras Manolo, su hijo, parte el pan y escancia el vino, y Juana se queja de que la siembra no agarra y a ver qué hacen con este frío.
Justo detrás, a un solo paso, un espejo forrado de mimbre descansa sobre una cajonera. Vivía en el dormitorio de Esmeralda que, con la mirada perdida en su reflejo, intentaba deshacer su melena rizo a rizo y se preguntaba una y otra vez: qué pasará luego, cuándo podré salir de aquí.
Entre jarrones y material de orfebrería insolente sobrevive la tostadora de Juan y Amelia, tiene unas iniciales grabadas, casi invisibles, pisoteadas por el trotar del tiempo. Se acabaron los bailes en el desayuno.
En el pasillo, aún mueven los vientos la mecedora de la yaya, acolchada por el peso de los pensamientos de las tardes de invierno. Las literas de los enanos, que las llenaron de juegos hasta crecer. Candelabros y lámparas que un día se apagaron.
Y al final, sobre la mesa de un agotado roble, un botijo. Lo agarro y me lleva a una casa mata de la calle Carretería con olor a callos, música de barcos y cuentos de Rosa León. A la palabra abuelo. Pago unas monedas y lo llevo conmigo. Uno que sale del cementerio para llenar otras bocas.
Escalón a escalón voy dejando detrás estas cosas inertes que residen en el olvido, pero un jaleo retumba insistente en mis oídos. Es la pipa del abuelo, son las risas de los niños, es Juana que ha puesto el puchero. Es la vida, que está haciendo ruido.
lunes, 26 de noviembre de 2012
El vuelo
Déjala a ella que sea pájaro. No tengas miedo, te llegará tu momento y la vida decidirá por ti. Vaya novedad, el tiempo. La espera. Siempre algo que ha de llegar y yo no puedo, no puedo porque siento que algo se desgarra dentro de mí, un frío polar se apodera de mi pecho y siento amargas lágrimas caer hacia el interior de mi garganta y veo mi mundo que se desmorona y entonces yo quiero ser pez y tragar el mar para acortar la distancia, para que no te vayas, para que si vuelas, me comas.
jueves, 15 de noviembre de 2012
14 de noviembre
Todo despertó en calma. Las plantas bostezaban a la mañana temprano en unos balcones aparentemente dormidos. Las persianas iban despejando sus párpados lentamente y diferentes rostros aparecían. Poco a poco, como se desliza una perezosa gota de café sobre el cuerpo de una taza.
En una calle de ruidos que callan y comercios vacíos, nota a nota, va sonando la música de la indignación. ¿Qué hacemos hoy? - preguntan las paredes de las calles intransitadas. Hoy no hay pan, ni cafés, ni sonó el despertador.
El hueco del qué hago hoy. Resulta extraño ver como al abrir la jaula el pájaro no emprende el vuelo. Tenemos una cita, se dicen unos a otros.
Angustiados, los habitantes de un día en la nada van llenando las calles. Puñaditos de sombras se van agolpando en una hilera de pasos y palabras. Hoy no hay que hacer nada. Las ilusiones y los sueños se dan encuentro para gritar por qué.
Todo en silencio. Suena a lo lejos una trompeta. El vacío llena las calles tras la procesión, y en cada casa una fiesta. Buscamos en los cajones alpiste sin intercambiar monedas. Hoy no. Hoy no falta nada. Lo que tenemos nos basta. Reuniones improvisadas en salones. Libres de yugo. Solos y juntos.
Y en el eco de los tambores lo siento. Estamos faltos de nada.
En una calle de ruidos que callan y comercios vacíos, nota a nota, va sonando la música de la indignación. ¿Qué hacemos hoy? - preguntan las paredes de las calles intransitadas. Hoy no hay pan, ni cafés, ni sonó el despertador.
El hueco del qué hago hoy. Resulta extraño ver como al abrir la jaula el pájaro no emprende el vuelo. Tenemos una cita, se dicen unos a otros.
Angustiados, los habitantes de un día en la nada van llenando las calles. Puñaditos de sombras se van agolpando en una hilera de pasos y palabras. Hoy no hay que hacer nada. Las ilusiones y los sueños se dan encuentro para gritar por qué.
Todo en silencio. Suena a lo lejos una trompeta. El vacío llena las calles tras la procesión, y en cada casa una fiesta. Buscamos en los cajones alpiste sin intercambiar monedas. Hoy no. Hoy no falta nada. Lo que tenemos nos basta. Reuniones improvisadas en salones. Libres de yugo. Solos y juntos.
Y en el eco de los tambores lo siento. Estamos faltos de nada.
martes, 30 de octubre de 2012
Los otros
Música. Suena el sonido de las teclas de un piano. Blue Moon. Pisadas de una danza de pingüinos sobre la colcha. El hielo que se derrite. La noche. Estampida de mariposas. El miedo de lo dulce y lo salado. Suspiros y miradas que susurran en una caracola. El mar, la sal. Todo en silencio. Y todo eso, sin tan siquiera un beso.
martes, 23 de octubre de 2012
Manual por si me echas de menos
Se me ha ocurrido hacerte un manual, no es por mi, es por ti, pues de seguro es que no puedas olvidarme. Lo veo en tu mirada que atraviesa el montón de nada que dejaste sin recoger en mi cuarto. Siempre ordenando el caos en cualquier rincón.
Cuando las cortinas se levantan, mientras piensas en hacer el café de las mañanas y mi rostro aparece entre tus sábanas; piensa en truenos y luciérnagas, funciona.
Una vez tus pies toquen el plato, hazlo girar. Asegúrate de que no pones mi canción, la dejé en el tercer cajón, nadando entre las olas. Y ya sabes, que no se te ocurra bailar, o al menos hazlo bien, así evitarás mis sombras.
Antes de ir a trabajar, mira al mar, imagina que no hay un final, no lo hay para él. Piérdete en su inmensidad y si no encuentras el camino de regreso, no vuelvas, o elige otro. Nada sabíamos de navegación. Ni remo, ni barca, ni alas. Ahora, busca el viento a favor.
Luego está lo de las curvas... Para ellas no tengo antídoto. Aunque no las veas, siempre aparecen. Pero es bueno cantar a lo que temes.
Y si te empeñas en abrir la caja donde guardé las estrellas que nos llevaban a ninguna parte, te lo advierto, se irán. Pero quién anda guardando estrellas. Aún así, si la abres déjalas volar o mándalas allí, aquél, nuestro no lugar.
Las visitas al zoológico no están prohibidas, pero las jaulas son peligrosas. Por lo que no sale, por lo que no entra. Pero no tengas miedo y vuelve a cantar tu canción.
Grita al monte, corre el cielo, salta lágrimas, llora flores. Colorea la nostalgia de azul.
Y luego, ya está. Balsa y paz, alma de viento.
El manual es sencillo. Un oasis para los recuerdos, eso sí, solo si me echas de menos.
Cuando las cortinas se levantan, mientras piensas en hacer el café de las mañanas y mi rostro aparece entre tus sábanas; piensa en truenos y luciérnagas, funciona.
Una vez tus pies toquen el plato, hazlo girar. Asegúrate de que no pones mi canción, la dejé en el tercer cajón, nadando entre las olas. Y ya sabes, que no se te ocurra bailar, o al menos hazlo bien, así evitarás mis sombras.
Antes de ir a trabajar, mira al mar, imagina que no hay un final, no lo hay para él. Piérdete en su inmensidad y si no encuentras el camino de regreso, no vuelvas, o elige otro. Nada sabíamos de navegación. Ni remo, ni barca, ni alas. Ahora, busca el viento a favor.
Luego está lo de las curvas... Para ellas no tengo antídoto. Aunque no las veas, siempre aparecen. Pero es bueno cantar a lo que temes.
Y si te empeñas en abrir la caja donde guardé las estrellas que nos llevaban a ninguna parte, te lo advierto, se irán. Pero quién anda guardando estrellas. Aún así, si la abres déjalas volar o mándalas allí, aquél, nuestro no lugar.
Las visitas al zoológico no están prohibidas, pero las jaulas son peligrosas. Por lo que no sale, por lo que no entra. Pero no tengas miedo y vuelve a cantar tu canción.
Grita al monte, corre el cielo, salta lágrimas, llora flores. Colorea la nostalgia de azul.
Y luego, ya está. Balsa y paz, alma de viento.
El manual es sencillo. Un oasis para los recuerdos, eso sí, solo si me echas de menos.
jueves, 8 de marzo de 2012
disección de un desequilibrio
En primer término túmbese bajo las estrellas, no está sola;
mire arriba y póngase a contar...
Deberá tener en cuenta que debe haber llegado hasta aquí
subida en la nave del desamparo,
y será mejor si lo hizo llorando hasta llenar tres mares.
Le iremos informando del hallazgo de no puedos
o si logramos que se quede sin peros.
No se asuste, confíe en el equilibrio cósmico;
no se preocupe por la pérdida excesiva de peso,
la nave no puede con todo y la carga siempre es recuperable.
Mientras cuenta probaremos su movilidad,
capacidad a la hora de caminar: tiene dos pies;
imaginación para alzar el vuelo: espacio suficiente;
emociones descontroladas: requerido descenso;
abuso de reclamos: desactivado,
necesidades inventadas: controlando,
vacío: nivel ajustable.
Posibilidades de cambio: infinitas.
Si ha dejado de contar estrellas,
el equipo de operación está de acuerdo:
está preparada para ser una de ellas.
Abróchese el cinturón, comienza el vuelo.
mire arriba y póngase a contar...
Deberá tener en cuenta que debe haber llegado hasta aquí
subida en la nave del desamparo,
y será mejor si lo hizo llorando hasta llenar tres mares.
Le iremos informando del hallazgo de no puedos
o si logramos que se quede sin peros.
No se asuste, confíe en el equilibrio cósmico;
no se preocupe por la pérdida excesiva de peso,
la nave no puede con todo y la carga siempre es recuperable.
Mientras cuenta probaremos su movilidad,
capacidad a la hora de caminar: tiene dos pies;
imaginación para alzar el vuelo: espacio suficiente;
emociones descontroladas: requerido descenso;
abuso de reclamos: desactivado,
necesidades inventadas: controlando,
vacío: nivel ajustable.
Posibilidades de cambio: infinitas.
Si ha dejado de contar estrellas,
el equipo de operación está de acuerdo:
está preparada para ser una de ellas.
Abróchese el cinturón, comienza el vuelo.
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